Fue una fortuna haber estado en la cima de un Cerro, observar la Tierra fría de los Zoques, sentir como el aire traspasaba nuestros cuerpos, observar un vetigio antiguo, asi como recordar como era el mundo antes de que nosotros existieramos, donde el aire corría libre, donde los hombres verdaderos, Los Zoques, caminaban por los senderos, miestras que la naturaleza platicaba con ellos, y les contaba, cuando un ave nacía, cuando un árbol moría, para luego guardarse los recuerdos y ocultar la verdadera identidad de los Zoques de las Montañas...
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