Una vez pasadas las Joyas entre los hombres y luego entre las mujeres, el Albacea hombre, entrega a la Albacea mujer, las joyas; así como el material para lavarlas y las canastas y mantas para colocarlas y que se sequen en el sol. La Albacea, toma los toles y demás y con un grupo de Priostas, se disponen a lavar las Joyas, depositando o posando (sobre una banca larga) los toles para comenzar a limpiar las Joyas con estopa, la cual contiene pasta; toman una pieza; por ejemplo, un resplandor y grotan el mismo; enseguida, lavan las Alhajas con limón, las desaguan, las lavan con jabón zote y las desaguan por última vez, hecho lo anterior depositan las joyas en las canastas con las servilletas puestas al fondo y un grupo de Priostas en fila, se dirigen a dejar las canastas, toles, palanganas y demás al sol, para que se sequen; en tanto la ropita de las Virgencitas se había comenzado a lavar desde temprano y se terminó de lavar la última prenda entre las 11 y 12 de la mañana, para ese momento, el Albacea hombre le entrega al Maestro Sastre Lavandero, los listones que se cambiaron de las alhajas (tales listones están previamente planchados y cortados; estos mismos son entregados a cada uno de los asistentes a la lavada de la ropita, como relique o prueba de su asistencia).
Antes, durante y después de la lavada de las Joyas, tanto el grupo de hombres, como mujeres conviven tomando refresco, comiendo botanas, algunas llevadas por las asistentes y otras más, proporcionadas por los Mayordomos, dueños de la casa.
Al regresar las cargueras (Mayordomas y Priostas, así como la Albacea), a su lugar; el grupo de hombres se dispone a mojarse la cabeza, pies, rodillas, manos; con el agua bendita que se dejó al desaguar la ropita de las Virgencitas de Copoya; otros más toman de las tinas el agua bendita para llevarla a su casa.
Por su parte, acompañando al altar, el Maestro Pitero, y los Maestros Tamboreros, alternados con el Maestro Jaranero y la guitarra, tocan los sones que distinguen a la música Zoque de Tuxtla Gutiérrez, siendo así que el Maestro Pitero, toca los sones de Santa Cruz y San Roque.
Tiempo más tarde, las comideras sirven en las porcelanas el denominado Canané con Frijol, depositando primero la carne cortada en trozos, sobre ella el frijol, y por último la salsa de jitomate rojo con cebolla y cilantro picado, se sirven las porcelanas en la mesa, en donde se vierte el caldo de frijol sobre los mismos; se acompaña del Canané y tortillas, estas últimas en dado caso se requiera. Antes de comer, el Albacea, comienza la oración, rezando el Windacoy para dar la bendición a los Mayordomos, se persignan los que están frente a los alimentos sagrados y se disponen a comer.
Al finalizar la comida, el Albacea da las gracias y en fila se dirigen todos los hombres al altar, para persignarse y dar las gracias por la comida, se da la mano a cada uno de los concurrentes en orden y se agradece a la demás concurrencia (a la par que se dá de comer a los hombres, se sirve a las mujeres, las cuales permanecen sentadas).
Para dar fin al Costumbre en el primer día a la Lavada, se sientan 12 mujeres encabezadas por el Albacea mujer, para tomar las 12 copitas (cuenta de los 12 cargos principales), de esta manera, cada hombre comenzando por el Albacea, sirven a cada mujer una copita; posteriormente, se invierten los lugares y las mujeres, comenzando por la Albacea sirven una copita a cada hombre, al finalizar termina tomando una copita quien la sirvió.







